Algo húmedo en mi entrepierna, el pijama con flores interrumpido por la explosión de pubertad roja; media coagulada, media triste. Me bañé con más rabia que nunca, pero ni todo el jabón del mundo haría que la bolsa asquerosa dejara de romperse.
El enredo de sábanas tampoco ayudó a esconderme, no encontré tus manos ahí, quería que recorrieran mi cuerpo enseñándome dónde estaba esa puta femineidad que tanto dolía, ayudándome a encontrar al culpable de la más brutal de las vergüenzas.
No hay forma de arrancarme de cuajo las trompas, hay un elefante creciendo dentro.
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