domingo, enero 17

Juego donde nadie juega, todxs pierden por defaut; ese donde el perdedor permanece atado a una silla ¡atado!, atado de manos y piernas, atado de papeles sobre el escritorio donde encima de éste está el teléfono, y a través de él suena la llamada de la esposa compradora compulsiva que reclama un poco de amor ¿AMOR?, ¿qué has dicho? si eso se extinguió hace tantos miles de años; sí, se borró de la memoria colectiva e individual. Claro, ya sabes, junto con la inocencia, con los juegos, con los colores, con los días lluviosos y el sol sobre el pasto que tanto aprieta; quedó olvidado en el desván del abuelo y se pudrió, ¡se lo comieron los ratones!, como también las cartas y los caleidoscopios. Y yo, te escondí por temor a represalias, y ahora que te vuelvo a ver tú me explicas que tienes el espejo algo suelto, y es que has madurado. Pero, a pesar de todo has madurado como ha de ser: se te ha desprendido el corazón, ¡enhorabuena!, ahora ya eres todo un hombrecaleidoscopio. Espero que comprendas que en pequeños momentos (y por obra y gracia de la gravedad) el espejo logra rozar la zona limítrofe, el escuálido cartón, que lo separa del ojo, pero lo más probable es que no me dé cuenta. Verás, entonces, que en este juego hemos aprendido a jugar muy bien, a jugar sin jugar, a jugar sin ensuciarse, a dejarse manipular veleidosamente por la inercia y el dictador tic-tac de los relojes que ordenan volver a la silla, volver a las ataduras, volver al escritorio y a las llamadas telefónicas.-

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