lunes, octubre 19

Intento mover los deditos de mis pies al ritmo de la canción, intento infructuosamente, pues éstos son aún más toscos que yo para bailar. Las luces están mucho más bajas que lo alto de la música y mi pelo se cae pesado por el costado de la cama; porque siempre me ha gustado tenderme en la horizontalidad, con las piernas estiradas sobre la pared. Y hay veces en las que así aflojan demasiados detalles, detalles estúpidos e inalterables. Eso que no dije, lo otro que no hice; y yo ya me estoy desesperando. Vuelvo al asunto aquel de mis dedos como para bajar la ansiedad y las excesivas ganas de salir corriendo -a pesar de que nunca alcanzaré los dos mil kilómetros- y comienzo a pensar que la palabra palabra es muy fome y que es muy probable que yo ya no sea yo, y que ahora es todo tan extraño y que todxs aquí y allá estamos tan cambiadxs y la ansiedad vuelve y el pecho se me aprieta e incubus e incubus y más incubus.-

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