sábado, octubre 3

El movimiento silencioso de las nubes es aún más bonito de lo que parece y el viento golpea fuerte en la ventana con el ganchito roto. Los árboles del club hípico se mueven estrepitosos y nunca puedo ver a los caballos (si es que en verdá existen). Las pocas personas que veo caminar parecen sacar pica por su osada valentía de levantarse a esa hora; valentía la cual, es verdá, envidio mucho. El sol sólo aparece a ratos, porque el clima es veleidoso y puede que en cualquier momento se ponga a llover (no está de moda usar para-aguas). Me gustaría que el calentador no sonara tanto o que la madera no grujiese por la noche porque interrumpe esos sueños extraños en los que hablo dormida y le pregunto a mi hermano cuánto suman las nubes. Sí, es verdá, me gustan harto las nubes, no tengo por qué ocultarlo. Y mientras tanto yo sigo pensado si es que en verdá existen tales caballos. Odio caminar viento en contra, y es siempre extraño cruzar la esquina de uruguay. Con maldá escucho quebrarse la delgada capa de hielo bajo mi zapatilla, porque ha escarchado esa mañana (como muchas otras). Sí, es verdá, me gustaría volver a Punta Arenas, y sí tengo por qué ocultarlo.-

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